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Cuando los músicos hablan de política, Luis Cino

 

Dio en el clavo Descemer Bueno cuando afirmó recientemente que los músicos no deben hablar de política. A lo que agrego yo: Especialmente si lo que van a hablar es mierda. Y peor aun si luego van a pedir perdón por lo que dijeron, y a intentar rectificar digo por Diego y viceversa.

 Recientemente, en Miami, Descemer Bueno se disculpó por sus declaraciones a Rusia Today de hace unos meses, en las que condenaba el embargo norteamericano, al que no llamaba así, sino bloqueo, como mismo lo llama el régimen castrista. Pidió que perdonaran lo que había dicho, y que en lugar de eso, tuvieran en cuenta toda la felicidad que le había dado a su público con su música y sus canciones.

Se le fue la mano a Descemer con las disculpas. No era para tanto. Como mismo él  se opone al embargo, muchos más estaríamos también en contra si no fuera por el hecho de que levantarlo precisamente ahora, incondicionalmente, sin exigir ni siquiera unos cuantos pasos hacia la democratización, sería hacerle a la dictadura, que no ha dejado de serlo, un regalo que no se merece, el mayor de todos, y que serviría para perpetuarla.

Por lo demás,  no habría mucho que objetar a la postura anti-embargo del cantante si se hubiera limitado a las aristas humanitarias del problema, como por ejemplo, las dificultades para adquirir en los Estados Unidos los medicamentos para los enfermos de cáncer y  Alzheimer. Pero el cantante, además de  ese argumento, utilizó otros que resultan, al menos en su caso, ridículos.  Como  cuando dijo que por culpa del embargo  su familia en la Habana Vieja no puede brindar a los que visitan su casa ni siquiera un vaso de jugo.

No se sabe a qué tipo de frutas para hacer el jugo se refería Descemer Bueno, si a los albaricoques o las manzanas californianas,  porque  si faltan los mangos, las guayabas o las naranjas, o si sus precios están por las nubes,  no es por causa del embargo precisamente, sino por la ineficacia de la planificación centralizada, la desidia y la ambición de los burócratas del Ministerio de la Agricultura y la mafia que orbita en torno a ellos. Pero de eso, Descemer Bueno no dijo ni pitoche.  

Sabemos por experiencia propia que cuando llega una visita a un hogar cubano lo más probable es que no haya jugo que brindar,  una taza de café y tal vez ni un vaso de agua fría, porque hace dos o tres días que no  hay en las tuberías. Pero no debe ser el caso de la familia de  Descemer Bueno, quien tras  irse de Cuba en los años 90, logró buenos dividendos con las canciones que compuso para artistas tan cotizados como Enrique Iglesias. Será muy tacaño Descemer Bueno, porque dinero  tiene para que en su casa brinden  jugo, café de verdad, no del mezclado con chícharos, whisky o cerveza Bavaria, ya que escasean la Bucanero y la Cristal, supongo que también a causa del bloqueo yanqui.

 Cuando regresó a Cuba, lo hizo con el pasaporte presto para volverse a ir cuando lo deseara –todavía no habían modificado las leyes migratorias cubanas- y con dinero suficiente para vivir  como Carmelina la del cuento.

Por todo ello, pero sobre todo, teniendo muy en cuenta que no se afectara la venta de sus discos en un mercado como Miami, Descemer Bueno, que antes no hablaba de política ni por casualidad, consideró prudente volver a la posición anterior y disculparse por todas las boberías  que dijo al periodista de Rusia Today.

A propósito, el arrepentimiento de Descemer Bueno en Miami puso a rezongar sobre los perdones y las disculpas  al bloguero Osmany Sánchez, de La Joven Cuba. Dijo: “No sé si yo hubiese tirado huevos en el 80. Si pensara como pienso hoy, no lo haría, pero no me atrevo a cuestionar o criticar a los que lo hicieron…No sé, repito, lo que es normal ahora no lo era hace 30 años”.

Osmany Sánchez, que parece considerar que los valores y los principios tienen época, y que hay contextos históricos que justifican las vilezas, lo más probable es que hubiera gritado insultos y tirado huevos, piedras y escupidas a los que se iban de Cuba. Como mismo ahora debe estar dispuesto a participar en mítines de repudio contra las Damas de Blanco. Igual que se prestan, él y otros de sus colegas de La Joven Cuba, en el ejercicio de un supuesto oficialismo por cuenta propia, a pedir paredón mediático para los periodistas independientes.         

Volvamos al tema de los músicos que hablan de política.   

Un músico que no seguirá los consejos de Descemer Bueno  y seguirá hablando de política y haciendo  papelazos, pero sin disculparse, es el pianista Frank Fernández.  

La noche del pasado  21 de octubre, Frank Fernández creyó necesario patentizar ante los espectadores del programa televisivo Piso 6 su devoción por Putin, que no parce ser menor que la de Dimitri Medvedev.  Pero escogió mal el lugar: un programa de reguetoneros y timberos. Si invitaron al afamado pianista fue con motivo de la Jornada de la Cultura Nacional. Para que hablase de música. Podía confesar su amor por Litz o Beethoven, cuyas sonatas interpreta como nadie; si quería hablar de Rusia, podía referirse a la pianística rusa, a Tchaicovsky o Rachmaninov. La  perorata putinesca mejor la hubiese reservado para la Mesa Redonda o la próxima entrevista que le hiciera el periódico Granma. Ahí, como si quería ensalzar, por aquello de las conquistas territoriales, a Tamerlán o a Iván El Terrible. Pero, ¿en Piso 6?         

Sin pestañar ni ruborizarse, parado al lado de su piano Steinway, el artista dijo: “Putin es un hombre que tiene los pantalones bien puestos”.  Poco faltó para que en su éxtasis, más propio de una descocada solterona moscovita que de un pianista, agregara: “¡Y la camisa bien quitada!” Porque Frank Fernández debe ser de los que luego de tanto tiempo sin un Padrecito de todas las Rusias que valga la pena,  se estremecen al ver las imágenes del rudo Putin que desafía a Occidente, cuando va de cacería, a caballo, con su fusil automático y el atlético torso expuesto al aire de la tundra.

“¡Que sepa Putin que no está solo!”, agregó el pianista, tan embullado que parecía a punto de alistarse en las milicias pro-rusas  de Donestk y Luganks. Solo le faltaba la canana y una camiseta  con el rostro de Putin.

¡Qué vergüenza ajena nos hizo sentir a los que lo admiramos como pianista!

Otro músico arrepentido por haber hablado boberías cuando creyó que hablaba de política es Aldo Rodríguez, de Los Aldeanos. Luego de haber expresado su admiración por  Che Guevara, recientemente en Miami, que parece ser un lugar ideal para los arrepentimientos, solo superado –aunque por otras razones- por Villa Marista, dio marcha atrás y explicó que debido al adoctrinamiento que recibió desde niño y a que no tenía acceso a Internet cuando estaba en Cuba –ahora vive en Tampa-, no sabía bien quién era realmente Che Guevara (¡!).

Y ya debe estar el musculoso, trenzudo y mal hablado rapero preparándose para el próximo arrepentimiento, luego de que un reportaje de AP, que parece fue soplado por el Departamento Seguridad del Estado, lo echó pa’lante como a un carrito de helado, al  vincularlo a él y otros raperos y artistas cubanos y hasta a tracatranes de Mariela Castro en el Cenesex, con un supuesto plan subversivo de la USAID, que habría sido implementado, a partir del año 2009, a través del promotor musical serbio Rajko Bozic, de Creatives Associates.  

Por lo pronto, ya Aldo Rodríguez  negó haber recibido dinero del gobierno norteamericano y aseguró tener la conciencia tranquila. Ojala pronto no pida disculpas al gobierno cubano  por haberse prestado con su hip-hop  para las maquinaciones malévolas de la USAID.

En cambio, los muchachos  de Matraka Producciones, a los que los comisarios anticulturales   les robaron descaradamente  el Festival Rotilla y  lo convirtieron en una pachanga playera inocua,  no han pedido disculpas ni buscado justificarse, sino que se han plantado firmes frente al reportaje de AP,  que parece más bien del periódico Granma al servir  a los intereses del régimen de igualar subvención a subversión para coaccionar y hostigar a los artistas independientes.

En un comunicado, los de Matraka Producciones han dejado claro que no se sienten culpables de buscar financiamiento para hacer su obra, ni obligados a buscar “la complacencia o aprobación de nadie”.   

¡Bravo por ellos que defienden el derecho a existir del arte independiente!  ¡Ojala no los obliguen a arrepentirse!
luicino2012@gmail.com     

 

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